lunes, 9 de agosto de 2010

"Estimado amigo,
Tal vez tú no me recuerdes, pero yo a tí sí. Éramos compañeros en la facultad hace unos años. No te diré mi nombre, pues quiero que sea una grata sorpresa para tí nuestro encuentro. Actualmente vivo en Colombia. Me gustaría que pudiéramos vernos cuando antes mejor, ya que tengo un enigma para tí, un trabajo que quiero que lleves a cabo.
Es un tema delicado y estuve pensando durante mucho tiempo a quién encargárselo, y tras varias noches de insomnio y a la luz de la luna, finalmente llegué a la conclusión de que tú serías el mejor candidato para mi ofrecimiento.
Espero tu respuesta con énfasis, y procura escribirme lo más rápido posible ya que el tiempo pasa muy rápido querido amigo..."

Anónimo.

Respiré hondo y pensé... ¿Quién podía escribirme tal carta y cuál era realmente el objetivo de ésta? Giré la hoja y crucé mis manos en su cara opuesta. Pude leer una cita en letra mayúscula que decía lo siguiente:

¿QUÉ ES UN AMIGO? UNA SOLA ALMA QUE HABITA DOS CUERPOS.

Por un momento traté de no equivocarme en mis pensamientos y en profundizar en lo que verdaderamente era importante en aquel preciso momento. Tenía una carta entre mis manos de un desconocido, el cuál tenía un trabajo para mí. Lo primero que debía hacer era averiguar quién era el sujeto y luego decidir. Eso era, tomar una decisión que quizás cambiara el resto de mis días, un hipotético y desamparado futuro, tal vez.

martes, 27 de julio de 2010

[When the time was my friend]

ONE

Liberé mi yo interior. Tenía ganas de escribir mi propia historia, pensé. Tal vez era un simple antojo, pero sentí que ese era el momento. Cuando el anochecer se desdibujaba y el amanecer nacía, cuando mi diario personal llegaba a su fin y abría de nuevo el libro de texto con aroma a rutina, entonces fue cuando de alguna forma empezaba todo.
Traté de esconder ese sobre que había llegado hacía apenas cinco minutos de quién sabe dónde, cuyo autor desconocía. Quería empezar a leer, pero grandes miedos me acechaban y creo que hubiera sido un tanto arriesgado abrir esa caja de sorpresas de inofensiva apariencia. Cerré los ojos y por un momento pasaron miles de letras por mi cabeza. Intentaba escribir esa carta mentalmente, ese automensaje en lo más profundo de mí, pero resultó imposible puesto que desconocía los motivos reales de ese presente. Al fin la abrí. Desconocía totalmente el valor de esa acción, pero estaba dispuesto a asumir las consecuencias que ello conllevara. Era de noche así que encendí mi lamparilla. Desplegué el papel. Era una hoja de libreta, algo inusual para ser un carta, pensé. Leí...